A la comunidad universitaria

En medio de las lamentables pérdidas de los últimos meses, es reconfortante leer una nota como la que nos envió Maribel Paradinha en ocasión del deceso de José Saramago.

Agradecemos mucho a Maribel su valioso y emotivo texto.

Norma de los Ríos.

Adeus, Saramago!

por Maribel Malta Paradinha

Lectora del Instituto Camões (Portugal) en la UNAM

Recuerdo el día que te conocí. Estabas en mis manos y me cortaste la respiración.  Eras hojas y hojas de palabras a borbotones, irrespirables coma tras coma y una asfixiante intensidad en un libro amarillo, sin dibujos en la portada, sin distracciones, que un compañero de la preparatoria (con otras intenciones que no sólo eran académicas) decidió presumirme un día. Fue la primera vez que alguien usaba la literatura para acercarse a mí.

Me acuerdo del aturdimiento que me causaba leerte, perdida en un discurso prolijo, lleno de imágenes, metáforas, palabras exhumadas del diccionario, expresiones que repetía a sus nietos mi abuelita, ideas que no paraban de invadirme con imágenes, como si tuvieran vida, como si estuviera en el escenario viéndolo todo, guiada por tu mirada. Ese día, las palabras de Cristina, mi amiga de siempre, no me salían de la cabeza: «Si no te gusta o no puedes leer este libro [casi siempre me regalaba libros por mi cumpleaños o en navidad y le encantaba repetirme esta frase para cotorrearme], ¡guárdalo en un cajón e intenta leerlo dentro de diez años!». Y se reía. Las sabias palabras de mi amiga tuvieron, por primera vez, sentido. No que no me gustara, pero el aturdimiento (insisto) no me dejó seguir leyéndote unos meses. Rompías con todas las reglas gramaticales que me habían enseñado en la escuela, con todos los mitos atávicos de la Historia, de la religión, de las creencias. Todo tú eras palabras y subversión. Afortunadamente, no me esperé diez años.

Leerte se volvió un placer renovado en cada libro. Copié frases tuyas – ¡de tantos libros! – como si fueran aforismos, enseñanzas para la vida. Sí, es cierto: como dices, “lugares comunes, frases hechas, muletillas, […] proverbios [y otros] pueden aparecer como novedad, la cosa es saber manejar adecuadamente las palabras que estén antes y después”. No cabe duda que supiste hacerlo. Y detrás de todas ellas, decías, tu corazón hecho de carne [no de hierro] sangraba todo el día…

Multifacético, polémico, mordaz, ingenioso, de humor inteligente y sutil, inquieto y desasosegador, problematizaste las ideas recibidas, la Historia de tu – y de mi – país (Memorial del Convento, Historia del Cerco de Lisboa), la literatura (El Año de la Muerte de Ricardo Reis, Manual de Pintura y Caligrafía), los valores de la sociedad en que viviste y en la que vivimos (El Ensayo sobre la Ceguera, El Evangelio Según Jesús Cristo, Todos los Nombres, Levantado del Suelo). Te volviste un escritor tan portugués y a la vez tan universal.

Le escribiste a tu abuelita, que no sabía leer, una carta de despedida conmovedora que terminaba así:

El mundo seguirá sin ti – y sin mí. No habremos dicho uno al otro lo que más importaba. Realmente, ¿no lo habremos hecho? Yo no te habré dado [lo que pude haber dado], porque mis palabras no eran como las tuyas […]. Me quedo con esa culpa de la cual no me acusas – y eso es todavía peor. Pero por qué, abuela, por qué te sientas en la solera de tu puerta, abierta para la noche estrellada e inmensa, para el cielo del que nada sabes y por el que nunca viajarás, para el silencio de los campos y de los árboles asombrados y dices con la tranquila necesidad de tus noventa años y el fuego de tu adolescencia nunca perdida: “El mundo es tan bonito y tengo tanta pena de morir”. Eso es lo que no entiendo.

Como tú, muchos de nosotros seguiremos no entendiendo. Dijiste algún día que físicamente, habitamos un espacio, pero, sentimentalmente, somos habitados por una memoria”. ¿Qué dirías si supieras que esa memoria puede ser tú?

Es cierto, el mundo seguirá sin tu abuelita y sin ti, pero no de la misma manera. Por eso, te extrañaremos. Adeus, Saramago… saudades!

Anuncios

Un pensamiento en “A la comunidad universitaria

  1. Como un abánico pletórico de ideas y colores, surge la presencia de aquellos que la crítica llama maestros y los conocedores habitantes de la memoria intangible del talento y lo sublime, Gracias por compartir este documento tan esclarecedor de la dimensión humana del Maestro Saramago.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s