A propósito de Margit…

 Gabriel Enrique Linares

Margit Frenk no necesita presentación; de sobra conocemos su obra. Por supuesto está El Nuevo Corpus de la Antigua Lírica Popular Hispánica, magno trabajo de toda una vida, la obra fundamental en los estudios de la lírica popular para estudiosos de todo el mundo.

Pero hablemos, además de todo esto, del otro trabajo, el que a veces se nota menos, el del aula, el que se crea en la dinámica de clase con los alumnos. Conocí a Margit Frenk durante mis estudios de doctorado en El Colegio de México, hace unos 15 años, en un seminario, precisamente, de lírica popular. Ya por entonces el Corpus estaba publicado y Frenk era profesora emérita de El Colegio de México.  La rodeaba, por lo tanto, una muy luminosa aura de prestigio y de sabiduría.

Asistir durante un semestre a clases con ella sirvió para reforzar por completo esa imagen pero, por supuesto, la experiencia brindó muchas cosas más. Dada la estatura intelectual y académica de Margit Frenk, lo que resaltaba y resalta de ella no es sólo su vastísimo conocimiento, su constante puesta al día y su enormísima lucidez y capacidad de argumentación y crítica.  Resalta por sobre todo un espíritu abierto, accesible y generoso, siempre preparado para mostrar nuevos derroteros y vetas de investigación.

A lo largo del semestre tuve, también, la oportunidad de leer un libro que me parece fundamental, no sólo para comprender el desarrollo de la lírica popular, sino de la poesía y la literatura en general, Las jarchas mozárabes y los comienzos de la lírica románica, un libro fundamental entre muchos otros de Margit, y como todos los suyos, un libro breve, conciso, contundente, inteligentísimo.

Antes del Colegio de México, antes de estos libros, esenciales para nosotros, yo conocía a Margit por dos vetas: una descubierta en la licenciatura, la de la traducción del libro fundamental de Curtius, Literatura Europea y Edad Media Latina hecha al alimón con Antonio Alatorre, q.e.p.d., fundamental para los estudiosos de la literatura europea.  Mientras vivía en Estados Unidos, tuve la oportunidad de leer el libro de Highet en inglés y no deje de admirar la elegancia y el sabor del buen español con el que la obra había sido traducida.

La otra veta me lleva de regreso a la lírica popular.  Si no me equivoco, varias canciones del Corpus se hallaban incluidas en los libros de lectura de primaria.  Allí yo veía, de niño, cancioncitas que aparecían, decían los libros, en versiones de Margit Frenk.  Agradezco el privilegio de conocer a Margit textualmente durante casi toda mi vida y el de haberla conocido personalmente durante mis estudios y haber entrado en contacto con su inteligencia y prodigalidad intelectual.  Cada momento de contacto ha sido un honor.

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Un pensamiento en “A propósito de Margit…

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