Ceremonia del Premio Colin White

Palabras de Alfredo Carlos Guzmán Tinajero, ganador del premio Colin White periodo 2010.

Buenos días,

Antes que nada quisiera disculparme por mi ausencia. Me hubiera encantado estar presente en esta ceremonia pero los asuntos académicos lo hacen imposible. También quisiera agradecer a todos los que ayudaron directa o indirectamente en el proceso de  escritura de mi tesis: a mis profesores, a mis padres, a mis amigos y especialmente a Irene por su apoyo y confianza.

He escrito un pequeño texto de agradecimiento.

 La reacción de Tom Sawyer

Después de todo, lo que nos queda es la poesía.  Cuando la violencia y el desasosiego arrasan con las voces, con las horas, con el tejido de la ciudad; pienso en la poesía. Pienso en la poesía como la aprendí en esta universidad, pienso en la poesía como lo que nutre toda y cada una de nuestras acciones, cada paisaje, cada trazo. Pienso en la poesía como el motor de la escritura, como un fenómeno de pensamiento y de comprensión de los actos más allá de su significado inmediato. Pienso en la poesía como el arte de reaccionar, de combatir el silencio.

En una de las primeras clases que tomé con el Mtro. White tratamos, y pluralizo porque no fui el único, de analizar un poema con incipientes intenciones de críticos literarios. Invocamos metáforas, nos regodeamos con el oxímoron y nos sentimos adultos usando el termino perífrasis pero, afortunadamente, Colin tuvo el atino de destrozar nuestro simulacro con una perfecta simpleza. Sus palabras siempre exactas para demostrar las equivocaciones tuvieron la capacidad de arrojar luz y marcar la dirección de mis estudios. En el instante en que alguien mencionaba el poder de la imagen poética nos detuvo con una mirada temible y nos dijo en su tono particular, con dos o tres tosidos de por medio, que estábamos equivocados, que así no se leía y nos lanzó la pregunta: “¿Cómo reaccionan al poema?”

Una pregunta tan sencilla que guarda un sentido totalizador, que provoca que la literatura y todo lo que gira en su órbita cobre una nueva importancia, que hace que recordar un verso sobre un piloto y sus visiones o notar que una copa de vino contiene el tiempo valga la pena. El cómo responder a esta pregunta es lo que me mantuvo aquí, tratar de leer con la complejidad de lo simple. Porque afuera del rizoma y los umbrales, únicamente estamos las palabras y nosotros, sin el acompañamiento de las grandes bibliografías y las rasgaduras teóricas. Reaccionar a la literatura no la hace más hermosa ni más importante pero extiende nuestra mirada más allá de las páginas. Con una pregunta, una insinuación, la poesía se vuelca sobre las calles y nos permite desplegar un mundo posible.

Hablar en privado con las palabras, dialogar con las oraciones es edificar una perspectiva ante cualquier discurso; es apropiarse del sentido y  preguntarnos a qué nos incita antes de que nuestros ojos lo deformen con falaces interpretaciones. Aprender esto, hallarlo en todo lo que leo, se ha vuelto parte de mí como un nuevo nombre. Reaccionar antes de buscar la fórmula que lo matiza; y así encontrar un camino analítico porque entonces las páginas se revelan con otros colores, con el encanto de la naturalidad. Agradezco esta gran lección porque sólo así pude ver la elegancia en un hombre que entra a una iglesia o pude encontrar en el futbol la curvatura sigilosa de la memoria.

Este premio se basa en este trayecto. Pero no es sólo mío; es de todos mis profesores y compañeros. Lidiar en cada clase  con la gramática, cada ensayo escrito de madrugada, cada corrección… fueron incentivos para construir la tesis que ahora se premia, y de la que me siento orgulloso. Esta tesis se escribió en los pasillos, en la amistad  de las aulas; en las pláticas que rompieron mis prejuicios de lo viejo, que me hicieron entender que los románticos no sólo lloran en el paisaje y que lo medieval repercute con encanto cómico en nuestros días. Aquí, en esta Facultad, aprendí a responder a los discursos de manera segura pero sobre todo a leer con gusto y que a pesar de tener la responsabilidad crítica se puede disfrutar un verso como un niño jugando al balón por vez primera. Extraño en la frialdad – de la biblioteca en la que me encuentro –metafórica porque hace un calor infernal, la puerta de entrada de la Facultad, discutir con los amigos tanto sobre los versos de Plath, Heaney y Larkin como del último juego de los Pumas y del Arsenal.

Y como los agradecimientos son nostalgia, añoro las palabras provocadoras de Colin sobre lo mal que leíamos, su voz horrorizada por mi horrible inglés, por respuestas absurdas, por confusiones infantiles y por los gustos pedestres. De esta forma aprendí a responder. De su gesto de sorpresa por mis bermudas a las ocho de la mañana, de su enojo por mis comics a las siete treinta con la fiesta a cuestas, aprendí que la literatura no solamente está en las páginas, sino que está en la experiencia de unirla a la vida. Porque en ver cómo él y todos los demás profesores se esfuerzan por transmitir algo comprendí que la poesía y literatura se unen con el andar y la respiración. En estas formas de leer hallé las jugadas que me hicieron otro. Esta fascinación de ver en la poseía una esencia que debe de apoderarse de uno es lo que me llevo mejor guardado.

La literatura no es sólo la palabra que deja de serlo para crear concepto, es dejarse invadir desnudos de los mecanismos que revelan su estructura. Antes que volvernos los nuevos ingenieros de las letras con panfletos estructuralistas o posmodernos recordemos que están las palabras frente a nosotros, la literatura antes que nada. Antes que los realemas, los tejidos de verdad o el pacto lector, están los libros luchando por hablarnos; por esto aprovecho la oportunidad para conminarlos a leer con gusto sin volcarnos a romper las palabras con ciencia dura: eso llegará después. La literatura nos hace humildes; nos da la posibilidad de entendernos y de comunicarnos de otras formas, de ver el objeto desde un ángulo propio. La reacción ante el mundo no se da porque uno posea una inteligencia superior, responde al trabajo de –articularse con las palabras, al de percibir antes que observar. Lo libros no deberían ahuyentarnos del mundo porque son su mejor portal de entrada.

Lamento mucho no haber tomado más clases con Colin pero tres fueron suficientes para abrirme los ojos, porque él es la muestra de lo que los profesores y los alumnos deben de ser: gente enamorada y apasionada de las letras y no de sus críticas ni de la palabra propia. Eso es lo que se defiende en estas aulas y de lo que estoy más profundamente agradecido no sólo con Colin sino con todo el Colegio, el aprecio por la Literatura porque en esta forma de vida siempre habrá futuro.

Estos días que corren con sangre son días para leer. Para volvernos palabra y reaccionar ante los argumentos sordos, los que vacían las aulas, quitan presupuestos y tiran balas frías e ignorantes. La literatura tiene el compromiso de la cordura. Aquí, en estos pasillos, se enseña a reaccionar, a volverse persona sensible incapaz de quedarse paralizado ante la catástrofe y el silencio. Este premio no es uno, son muchos, es el símbolo del gran premio que fue mi educación; el verdadero premio es ser parte de esta comunidad.

Gracias.

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